Luz de gas

No es verdad que el sentido común sea el menos común de los sentidos. En estos tiempos de crisis, intolerancia y crispación es más difícil encontrarse con el sentido del humor. Y quienes vivimos en Canarias tenemos la suerte de tener en la calle Teobaldo Power una especie de club de la comedia que nos pone a veces, generosamente, la sonrisa en los labios.

En los años ochenta, el Parlamento de Canarias decidió tirarse al monte de la literatura. Aprobó con gran alarde pirotécnico un plan energético valiente y adelantado a su tiempo. ¿Su único defecto? Que era un cuento chino. Los legisladores de esa década se negaron a quemar en Canarias el carbón nacional –barato pero altamente contaminante– como querían algunos. Para las dos nuevas centrales térmicas en Gran Canaria y Tenerife, se eligió el gas natural y el fuel. El Parlamento estimó que el suministro de energía debía caminar hacia un sistema basado en un tercio de la producción obtenida por renovables, otro por gas natural y un tercero por fueles.

Durante algunos meses nos dimos el pisto de ir por delante de los tiempos. Canarias era pionera en la apuesta por los parques eólicos y de placas solares. Y en la implantación de un combustible menos contaminante, el gas natural, para lo que se creó también con mucha fanfarria en el año 1999, por el Gobierno de Canarias, la empresa Gascán.

El tiempo pasa y nos vamos haciendo viejos y el amor no lo reflejamos como ayer, dice la canción de Pablo Milanés. Y el amor por el gas y los aerogeneradores y las placas solares se nos fue quedando del rincón en el ángulo oscuro. Lo que aprobó el Parlamento se lo fué pasando la realidad ejecutiva por el arco del triunfo año tras año sin que a sus señorías de Teobaldo Power les haya importado lo más mínimo, resignados a ser una especie de escenario utilitario para los partidos en el Gobierno. Al gas se le sigue esperando sin que por el momento haya dado señales de vida pese a aquellas inversiones multimillonarias de las que tanto se habló. Los parques eólicos naufragaron y con la excusa de que el primer concurso acabó en los tribunales nadie ha movido un aspa. Nadie ha apostado por la extensión de las energías renovables en Canarias, empezando por la propia administración del archipiélago.

La estabilidad del sistema eléctrico necesita hoy -y por muchos años- de un combustible como el fuel o el gas. En momentos determinados, donde la demanda crece, hay que poner en la red una producción inmediata de energía que sólo se consigue con turbinas de arranque rápido. Pero las renovables deben tener un peso creciente en unas islas como las nuestras. Primero porque así dependeremos menos del exterior y de la importación de hidrocarburos. Y segundo porque abarataremos la factura energética. Es de sentido común. Y como es así, por eso no lo hacemos. Esto es Canarias. Puro humor negro.

Posted in MANUAL DE OBJECIONES | Comentarios desactivados