Entre el petróleo y la Constitución

Después del temporal la ciudad parece que está sembrada de ramas y hojas sueltas. Deshilachada. Nos estamos acostumbrando ya a los vientos y a las lluvias que transforman la normalidad en un sinvivir. Hay huracanes también en la política, donde ya todo es un fenómeno adverso y peligroso.

El aniversario de la Constitución aterriza en medio de un piélago de gente mediocre que alcanza la notoriedad a través del escándalo. El país entero parece abonado al espectáculo a condición de que sea lo más insultante posible. Ya no hay más diálogo que el de la descalificación ni más tolerancia que la imposición unilateral de las ideas. Cataluña está haciendo palanca de forma implacable sobre el título VIII de la Constitución del 78. Frente a quienes dicen que existen formas para encajar la soberanía que piden algunos partidos catalanes dentro de los límites constitucionales está una y otra vez la certeza de que no hay límites para quienes sólo ambicionan la independencia y la soberanía. Es un choque de trenes que amenaza el modelo de Estado.

Esa es la enrarecida atmósfera que saluda el aniversario de la Constitución. La quiebra del pacto autonómico. Y luego está el descrédito de las instituciones y de la clase política. El suicidio de unos partidos que han practicado cualquier modo de aniquilación del adversario dejando que sean los jueces los que gobiernen el caos. La crisis económica y una empobrecida sociedad que observa atónita las tarjetas “black” de sindicalistas, empresarios y políticos de todas las ideologías. La pobreza que nos come por las patas mientras las Administraciones públicas siguen subiendo impuestos y sanciones, excavando de cien modos diferentes en nuestros vaciados bolsillos. Ordeñando más y más a los cansados trabajadores, autónomos y pequeñas empresas.

La Constitución apaga sus velas en Canarias con los vientos de la guerra del petróleo. Esta semana se hizo público un informe de Costas por el que desaconsejan las prospecciones en busca de petróleo entre las costas de Valencia y Baleares, por los daños que podría causar a los espacios protegidos y a las especies de cetáceos, tortugas y aves marinas. Es el doble lenguaje de quienes se oponen en Península a lo que defienden en Canarias. El PP se ha sometido a un terrible desgaste con su defensa a ultranza del petróleo. Se han equivocado de cabo a rabo. Y se han puesto a tiro de Rivero, que calificó el informe como “una fechoría”.

Para un archipiélago que vive del turismo, las comunicaciones son algo vital. Y los aviones y los barcos no funcionan con placas solares ni molinos eólicos. Es fácil hacer entender que el fuel, que los hidrocarburos, son todavía y por muchos años esenciales para nuestra forma de ganarnos la vida. Pero, claro, ¿qué saldremos ganando los canarios del petróleo cercano? Nada. Por eso es difícil defender algo que puede perjudicarnos sin darnos ninguna ventaja a cambio.

En vez de trabajar por ofrecernos algún incentivo sólido, en vez de poner sobre la mesa un argumento que nos haga reflexionar sobre un posible beneficio, el diálogo de sordos sigue en su callejón sin salida política. A los populares canarios les ha faltado aplicar un poco de sentido común y al Gobierno autónomo le ha caído, como llovido del cielo, una causa para alinearse con el pueblo. A las tortugas canarias se las puede “petrolear”, porque no en balde son tortugas bobas. Tan bobas que nadie les ha explicado, por cierto, cómo es que si el petróleo está a 75 dólares el barril, el precio más bajo en años, seguimos pagando lo mismo en las gasolineras de una isla que carece de otro sistema de transporte que no sean las carreteras. ¿Quién está haciendo el gran negocio?

El informe de Costas se ha transformado en una nueva pieza de guerra. El Ejecutivo canario advierte que acudirá a la vía penal porque entiende que la administración central ha sido arbitraria en sus decisiones con Canarias. No sería de extrañar que el próximo premio de Comunicación de Canarias recaiga en el autor material de las decisiones sobre los tiempos y escenarios de las prospecciones en busca de hidrocarburos en España: nadie podría haber planificado una mejor campaña de imagen para el presupuestariamente desfondado y políticamente agotado gobierno regional. Cada torpeza de la Administración central ha sido una vivificadora lluvia sobre el secarral autonómico estragado por el paro y la astenia económica.

About admin

Jorge Bethencourt es periodista y empresario. Fue subdirector del periódico Diario de Avisos, director de La Gaceta de Canarias y el primer director de la Radiotelevisión Canaria. Además ha sido consejero de RTVE y colaborador en diversos programas de radio y televisión. Es autor de varios libros y columnista habitual en los rotativos canarios. Presidió la Asociación de la Prensa de Tenerife entre 1995 y 2007. En la actualidad escribe en Criterios del periódico El Día, es comentarista editorial en el programa "La Portada" de Radio Club Tenerife (Cadena Ser) y dirige su propia agencia de prensa.
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