Calamidades

Este año parece como la última ola de un tsunami. Ese golpe de agua que llega para terminar de arrasar lo que ya ha sido golpeado, zarandeado y destruido por las primeras masas de agua.

Las familias están terminando de comerse los últimos ahorros. Los comedores sociales están desbordados. Niños que llegan a los colegios sin haber podido desayunar porque en sus casas se están viviendo ya los zarpazos más extremos de la pobreza. Los fondos destinados a áreas sociales ya no pueden cubrir el incremento de una demanda creciente porque el ejército de los desesperados aumenta mes a mes en una sociedad esquilmada por el paro y los impuestos.

Si uno examina las grandes cifras de nuestra región, no puede llegar a otra conclusión de que aquí está pasando algo muy grave. Mas de 380.000 personas sin trabajo en una clase activa que supera el millón cien mil personas; miles de familias en donde ningún miembro tiene ingresos; pérdida de ayudas y subvenciones que hasta ayer eran pieza esencial de nuestro modo de vida… Canarias es un archipiélago con una gran población y cabría preguntarse si hemos rebasado nuestra capacidad de carga. Por mucho que se pida que el sector turístico cree empleo, dudo que se pueda absorber, ni en el mejor de los escenarios, a tantas miles de personas que demandan trabajo.

Hace ya años que esta tierra tendría que haberse enfrentado a la conclusión de que estaba adentrándose en un escenario de emergencia social. La evidencia de que algo va muy mal no es de hoy, sino de ayer. Nuestra agricultura va camino de la extinción. Nuestra industria languidece y sobrevive a duras penas. El turismo, que funciona con éxito, tiene un techo natural y otro artificial creado por el intervencionismo benefactor de los poderes públicos. Y el comercio y los servicios se agosta por la crisis del consumo y un sistema fiscal incompetente.

Canarias padece una realidad extrema que clama a gritos por medidas excepcionales. Por un cambio de rumbo drástico. Esto no va de maquillaje, sino de cirugía correctora. Esto no se arregla con piezas de repuesto, sino cambiando toda la estructura de un motor que ya no funciona. Canarias es la crónica de una sociedad fallida.

Madrid está ensimismada en el conflicto de la soberanía de Cataluña y sus dirigentes enzarzados en la digestión de los escándalos políticos. Nadie está por escuchar las voces de unas islas afónicas. Estamos solos ante nuestro propio fracaso. Esta generación se enfrenta a un cambio histórico que sólo depende de nuestra voluntad, nuestro talento y nuestro esfuerzo. O lo que es lo mismo: estamos jodidos.

About admin

Jorge Bethencourt es periodista y empresario. Fue subdirector del periódico Diario de Avisos, director de La Gaceta de Canarias y el primer director de la Radiotelevisión Canaria. Además ha sido consejero de RTVE y colaborador en diversos programas de radio y televisión. Es autor de varios libros y columnista habitual en los rotativos canarios. Presidió la Asociación de la Prensa de Tenerife entre 1995 y 2007. En la actualidad escribe en Criterios del periódico El Día, es comentarista editorial en el programa "La Portada" de Radio Club Tenerife (Cadena Ser) y dirige su propia agencia de prensa.
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